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Ordalías

Después de hacer una lectura rigurosa de la poesía completa de Ibarra Merlano, me surgió una idea que consideré viable para armar un libro de alta calidad. Siento (y lo digo muy desde mí mismo, desde mis lec­turas, desde mis gustos) que el mejor libro del poeta cartagenero es Ordalías, de 1995. Como saliendo de un pantano repleto de referentes clásicos, a la mane­ra de Montaigne, aparecen, de repente, algunos ver­sos altísimos que juegan con las infinitas contradic­ciones que solo pueden convivir en la buena poesía. Ahora bien, los poemas largos de Ordalías hay que estudiarlos (o sentirlos) con mucho detenimiento para detectar el poder que se esconde en ese voca­bulario pulido, cuidado y hondamente intertextual. Es una poesía difícil, demasiado “docta”, podríamos decir. Siguiendo esta idea, creo que la mejor forma para entender la lucidez de Ibarra Merlano es “dejar­se llevar” por aquellos poemas cortos que van apa­reciendo en Ordalías. Es ahí, en esa poesía casi afo­rística, donde el poeta logra imágenes que nos dejan anonadados, abrumados. Es como si el escritor hu­biera compuesto un poema larguísimo para llegar a esos pocos versos, y que después haya tachado todo lo innecesario, todo aquello que no era merecedor de la imagen potentísima y contundente que logran las pocas palabras bien escogidas. Entendemos, como lectores, que no son “iluminaciones”, como en Rim­baud, sino una lucha constante con la tradición poé­tica para hacer que los vocablos digan lo que no son capaces de decir. Basado en este sentimiento, creo que hacer una antología de los poemas cortos de Ordalías es una bella forma de rendirle un homenaje a la poética de Gustavo Ibarra Merlano, pues opino que en esos tex­tos se deja ver la parte más íntima y más lúcida del poeta. A su vez, creo que armar un libro de poemas cortos (cada poema en un página) nos permitiría in­centivar la lectura en los que dicen no ser “lectores de poesía”, ya que no alcanzarían (como dijo alguna vez Billy Collins) a sacar su “caparazón antipoesía” en la lectura de los primeros versos. Al leer esos pri­meros versos ya el poema ha terminado y ha hecho su labor en el corazón del lector. Les dejo, entonces, una selección de veintinueve poemas que considero imprescindibles para lograr una buena antología. Veintinueve poemas bellísi­mos que nos ayudarán a no olvidar el legado de este importante poeta. Este libro es, creo yo, una de esas obras que se leen “de una sentada”, pero que reque­rirían de años de relectura para lograr aprehender el infinito de sus palabras.
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